Conflicto, Mediacion y Psicología Social

“El conflicto es un signo de que existen verdades mas amplias y perspectivas mas bellas”

    La noción de conflicto es clave y eje central del pensamiento de la  Psicología Social. El conflicto es inherente a la interacción humana.

Conflictos entre los hombres. Conflictos en y entre las areas y ambitos en
los que se desarrolla la vida cotidiana de los seres humanos (individuos,
grupos, instituciones, comunidades). La resolución de los conflictos se
refiere tanto a la superación de los obstaculos que se presentan como a los
procesos que implican los caminos que conducen a la satisfacción de las
necesidades: los acuerdos y desacuerdos, los encuentros y desencuentros, las
tareas complementarias, las diferencias y los juegos de poder, las
coincidencias y los objetivos en común, etc.
 
Cuando hablamos de conflicto en Psicología Social nos referimos al amplio
espectro que en la interacción e interrelación humana va desde situaciones y
cuestiones que se elaboran con cierta rapidez, casi sin “problema” (aun
cuando toda satisfacción de necesidades es búsqueda, mediatez, y por lo
tanto es problema), hasta situaciones complejas que derivan en
complicaciones, antagonismos, llegando a veces a estereotipias, rigideces o
cristalizaciones, cuya posibilidad de resolución requiere la consulta o
intervención de operadores (terceros) que aporten elementos o instrumentos
eficaces para la superación del conflicto. En este último caso nos estamos
refiriendo a situaciones enmarcadas en lo que Pichón-Riviére señalaría como
adaptación pasiva a la realidad.
 
Dicho de otro modo, conflicto alude al motor vital del acontecer humano
tanto en el sentido de la adaptación activa como pasiva a la realidad y es
una noción clave para cualquier operador en salud preocupado por los
conceptos y criterios que direccionan su accionar, tanto desde el punto de
vista de la Prevencion (y sus distintas formas) como de la Promoción de
Salud.
 
Hablar sobre la noción de conflicto nos remite a un tema que en estos
últimos tiempos esta teniendo auge: Mediación. La práctica de la mediación
está comenzando paulatinamente a extenderse en nuestro país (especialmente
en ambitos judiciales y de terapia familiar, y diversas organizaciones). Así
también están comenzando a surgir cursos y seminarios formativos sobre el
tema.
 
Algunos de estos cursos se realizan en Escuelas de Psicología Social.
Entendemos que los roles psicologo social y mediador son compatibles y
complementarios.
 
Uno de los diversos motivos que acerca a estos roles es la noción de
conflicto: para la Mediación también esta es clave y eje de su teoría y
metodología. Psicología Social y Mediación actúan en relación a conflictos
interaccionales procurando la búsqueda de las resoluciones, una y otra
requieren operadores formados en temáticas que hacen a la comprensión de la
conducta humana para poder actuar sobre ella. Esto significa no solo lo
actitudinal del operador. Sobre este último punto las Escuelas de Psicología
Social orientadas según la línea y el pensamiento del Dr. Enrique
Pichón-Riviére tienen vasta experiencia.
 
Dentro de las líneas existentes en Mediación, la que posiblemente enfatiza
mas en lo actitudinal y en la comprensión psicológica es la que propone Sara
Cobb que desde hace muchos años trabaja en Estados Unidos con un modelo
denominado “circular”.
 
Para Sara Cobb, mediar no es arbitrar u “ordenar” entre las partes en
conflicto sino ingresar a un sistema (con “tercero” incluido) de búsqueda de
acuerdos mínimos, en el cual se transparente un meta-sistema: la aprehensión
de los mecanismos que permiten la salida o el logro de esos acuerdos. Donde
si bien importa el logro de los acuerdos, también importa el protagonismo de
las partes, y el logro de un aprendizaje mas profundo que es el que las
partes obtengan recursos para aprender a resolver conflictos
(deutero-aprendizaje). Si tuviéramos que pensar articulaciones con la
Psicología Social podríamos hacerlo con la tarea del psicologo social cuando
coopera (co-piensa) para que las situaciones dilemáticas devengan
problemáticas. Mediador y psicólogo social no solucionan “en el lugar de”
sino que se posicionan en la intervención (etimológicamente un venir entre)
para que los polos (o partes) que configuran la tensión de los conflictos se
dialecticen, dialoguen construyendo una nueva Narrativa (Mediación) o Novela (Psicología Social).
 
Pero, si decimos que el conflicto es motor vital en nuestra vida cotidiana
porque la satisfacción de necesidades es siempre búsqueda y mediatez, y por
lo tanto problemática, generadora de tensión, ¿significa esto que siempre
necesitaremos de terceros, de operadores, de mediadores, de psicólogos
sociales, de terapeutas, etc., para andar por la vida? ¿Como responder esta
pregunta? Nos remite a las concepciones, ideologías, mas profundas de
nuestra existencia, a nuestras filosofías de vida en general y en particular
a como pensamos la salud y la salud mental (nuestra salud).
 
El conflicto del conflicto es quizas que alcanzamos a visualizarlo cuando no
nos queda mas “remedio” que reconocerlo como tal. El conflicto lo asociamos
a la enfermedad, a lo que no “debería ser” o “estar”, a lo que hay que
“suprimir”, a lo que hay que curar. Es evidente que nuestra educación está
atravesada por un modelo médico hegemónico que se nos impone en nuestra
interioridad: sintoma-enfermedad-remedio-cura. Hemos aprendido poco a
prevenir, a fortalecer y enriquecer nuestros potenciales para mejorarlos
porque tendemos a creer que lo conflictivo es solo cuando no nos entendemos
o malentendemos con los otros.
 
Para el lector esto puede resultar una mescolanza. Esta mezcla tiene un
sentido: la interacción y vinculación con los otros esta asociada a cómo nos
vinculamos con nosotros mismos (intra e intersubjetividad), somos cuerpo y
conducta (la “y” es de integración y no de disociacion). Y una idea acerca
del conflicto diferente a la que utilizamos cotidianamente.
 
E. De Bono considera que el problema del conflicto no se encuentra en el
conflicto mismo, sino en las creencias de las personas, dice al respecto:
 
“Las creencias son muy difíciles de erradicar o alterar. A menudo las
personas prefieren mantener una creencia y no aceptar la evidencia de sus
sentidos. El conflicto surge cuando un sistema de creencias cree que los
valores que de el se desprenden deben ser aplicados en todas partes y adopta
como misión hacer que esto suceda”.
 
Y lo mas interesante de este autor es su propuesta de dos neologismos.
De-conflicción: sería la disipación o eliminación de los fundamentos de los
conflictos. Y la conflicción: sería establecer, estimular y promover el
conflicto.
 
Si pensaramos un sentido mas restringido de la noción de conflicto podríamos
decir que conflicto es un choque de creencias o valores o intereses o
direcciones. En este caso la conflicción estaría ligada a todo aquello que
precede a ese choque pero no en una “espontaneidad” del mismo sino a un
proceso deliberado en el que se “construye” el conflicto. La de-confliccion
sería la tarea de desarticulación de los elementos precedentes (fundamentos
incluidos) que generan el choque para derivarlos, ya no a una negociacion o
acuerdo o resolucion, sino a un proyecto que trasciende hacia una
alternativa o perspectiva nueva y diferente. De Bono, precisamente, habla de
proyectos como la mejor manera de resolver conflictos.
 
La tarea de desarticulación como de proyecto, sin embargo, no es una tarea
simple, alude a una complejidad de aspectos. Un “choque” conflictivo no se
produce solamente por diferencias de intereses, sino también porque estas
diferencias son consideradas significativas, y para que sean consideradas de
esta manera requiere, según lo expresa Sara Cobb, de un consenso que es
construido por instituciones y grupos y por lo tanto son resultado de
procesos sociales. Según dicha autora “los conflictos deben ser entendidos
como un fenomeno discursivo, un proceso que involucra la interacción de
historias, una interacción que acaba por ser rotulada como problemática por
el sistema en el interior del cual estas historias son contadas”, pero y
ademas los conflictos son definidos como tal “por el sistema en cuyo
interior son observados”. Los profesionales de la práctica de resolución de
los conflictos que ellos median; estan, mas bien, activa y paradójicamente
involucrados en la construcción del conflicto como tal”.
 
A modo de ejemplo: un proceso de mediación puede comenzar con el “aparente”
simple choque de intereses de dos vecinos en conflicto por la medianera de
sus casas para llegar a un trasfondo de base que quizás no era visible, como
podría ser una problemática de discriminacion racial o religiosa, que
posiciona a las partes en actitudes “irreconciliables” (Intereses
individuales atravesados o “sobre-cargados” con ideologías producto de
procesos sociales). La intervencion del operador no puede prescindir de una
revision de como en el proceso pueden ponerse en juego sus propios aspectos
discriminadores o prejuiciosos. Las decisiones para un “acuerdo minimo” van
mas alla del discurso de derechos que puede amparar a cada una de las
partes, sino que han ingresado en un sistema mas complejo, mas amplio, de
fuerte incidencia en el discurso que obstaculiza la posibilidad de un
acuerdo inmediato, ya que las partes consideran cada cual lógica y legítima
su posición (inclusive el logro de un acuerdo no significa necesariamente
resolución del conflicto). La tarea de conflicción, deconflicción y proyecto
se ubicaría no tanto en la medianera en si (y las cuestiones
formales-legales que le corresponden) sino en la “legitimidad” de las
posiciones de las partes, en las intenciones, en los valores puestos en
juego, en el proceso que derivo en el conflicto y en el juego de las
“identificaciones” (circularización). En otras palabras: en la posibilidad
de las partes de comprender lo “depositado” en la medianera que genere un
cambio hacia una “historia” alternativa.
 
Para finalizar este punto, algunas consideraciones:
 
1) Pretendí acercarme a la noción de conflicto para abrirlo antes que para
agotarlo. Quedaron en el tintero muchas mas cosas por decir y profundizar
acerca de los conflictos.
 
2) Este acercamiento intento ser el punto de partida para otro acercamiento
que me resulta mas importante: El de la Psicología Social y la Mediación.
Creo que sería necesario avanzar en la investigación y profundización de la
multiplicidad de adecuaciones, articulaciones, conceptos de encuentro y
desencuentro de ambas disciplinas, tanto en sus aspectos teóricos como
metodológicos y prácticos.
 
3) Sería deseable que dicha investigación y profundización acompañe una
mayor extensión de la práctica de la Mediación: que ésta no quede reducida
tan solo a los ámbitos judiciales y terapéuticos y su sistematización en los
mismos sino que se abra a ambitos institucionales (oficiales, empresariales,
comunitarios, etc. ) en donde existen necesidades de mediación en conflictos
y tambien “mediadores” que trabajan muchas veces más por intuición que por
formación (sin descalificar la intuición sino con la intención de señalar
que formarse es un modo de afirmarse en conocimientos que ya se tienen por
prócticas o experiencias realizadas.)

La Conducta

Las conductas humanas representan el conjunto de reacciones psíquicas de los seres superiores, que permiten mantener relaciones con el medio, sostienen el fenómeno de la vida y aseguran su continuidad. Es el modo de ser del individuo y el conjunto de acciones que realiza con el fin de adaptarse a un entorno. Es la respuesta a una motivación, traduciéndose motivación como todo lo que impulsa a un individuo a realizar una conducta. La conducta del individuo, cuando se considera en un espacio y un tiempo determinado se conoce como comportamiento.

 

La conducta ha sido objeto de estudio de la psicología desde sus inicios. John B. Watson, representante de la psicología de la conducta o conductismo, postulaba que la psicología, en lugar de basarse en la instrospección, debía limitar su estudio a la observación del individuo en una situación determinada. El estudio de la conducta investiga la evolución de ciertas etapas formativas en el individuo, como la infancia o adolescencia, y va unido al estudio del desarrollo físico desde el nacimiento hasta la muerte.

La motivación y sus teorias.

Motivación

En sus estudios sobre las razones que nos inducen a comportarnos de una determinada manera, los psicólogos han formulado una serie de teorías y han seguido diversos caminos para confirmarlas o refutarlas.

Teorías de la motivación

Las teorías de la motivación se agrupan en 3 categorías. Algunas subrayan la base biológica de la motivación, otras acentúan la importancia del aprendizaje y otras se concentran en el papel de los factores cognitivos.

Teorías Biológicas

Una de las teorías más antiguas de este grupo en la que atribuye la conducta humana a la herencia de los instintos, que actualmente definimos como pautas relativamente complejas de comportamiento que no ha sido aprendidas, como en los pájaros el instinto de construir el nido y el de buscar comida en las hormigas. Sin embargo, estos teóricos consideraros “instintos” rasgos como la curiosidad, el gregarismo o la adquisición, pero no lograron determinar un número limitado de instintos para poder explicar la conducta humana. Además, la teoría de los instintos no podía explicar las diferencias individuales. Estas razones, así como el creciente conocimiento de parte de los psicólogos sobre la importancia que el aprendizaje y el pensamiento desempeñan en el comportamiento humano, les llevó a abandonar la teoría de los instintos.

La teoría del impulso, tal y como fue desarrollada por Hull (1943), intentó superar estas deficiencias. Hull acentuó la importancia de los impulsos biológicos, estados de intención interna, que impelen a los animales y a las personas a la acción. A diferencia de los instintos, que se supone que no sólo impulsan sino que también dirigen la conducta, los impulsos proveen sólo de la energía que predispone la acción. Lo hacen produciendo un estado de tensión que la persona o el animal desea modificar. La reducción de ese impulso representa el refuerzo suficiente para que se produzca el aprendizaje. Así, si un perro es acuciado por el hambre y por casualidad encuentra comida entra la basura, aprenderá a buscar en ésta cada vez que tenga hambre. Aunque la teoría del impulso ha perdido interés, en parte por no tener en consideración los nuevos conocimientos sobre los procesos cognitivos subyacentes al comportamiento humano, todavía existe un generalizado consenso sobre la existencia de los impulsos humanos tanto aprendidos como no aprendidos.

Otros psicólogos propugnaron la existencia de impulsos psicológicos junto a los biológicos para explicar la conducta humana. Desde que en 1938, cuando Henry A. Murria sugirió por vez primera que la satisfacción de ciertas necesidades activa y dirige la conducta, algunos psicólogos han intentado identificar y medir tales necesidades. Mientras Hull había estudiado principalmente necesidades fisiológicas como el hambre, la sed o la sexualidad, el creciente énfasis puesto en las necesidades psicológicas y en la diferencia que se producen en éstas entre una persona y otra, condujo finalmente al enfoque humanista, representado por Abraham Maslow (1970).

 

Teorías del Aprendizaje

Los partidarios de estas teorías argumentan que aunque las necesidades biológicas pueden desempeñar algún papel en el comportamiento, el aprendizaje desempeña un papel mucho más importante a la hora de dirigir la conducta animal y humana. Se establece en este punto el argumento diferencial entre este y otros enfoques, especialmente cuando advertimos que algunos de los teóricos del impulso, incluyendo al propio Hull, reconocieron que, aunque convenía subrayar que algunas necesidades son aprendidas, las necesidades más comunes de lo que son y que en su opinión las necesidades aprendidas son características de los seres humanos. El principal representante de la teoría del aprendizaje ha sido B.F. Skinner (1953), quien demostró que un gran número de conductas se pueden enseñar recompensando al animal o a la persona inmediatamente después de haber realizado la conducta deseada.

Los teóricos del aprendizaje social, como Albert Bandura (1977), ampliaron las ideas de Skinner, argumentando que la recompensa más poderosa para el ser humano es el refuerzo social, como el elogio. Así, un niño que es elogiado por su trabajo escolar, desarrollará el “hábito” del rendimiento académico. Gracias a la capacidad humana para procesar la información simbólica, también podemos aprender a través de la observación. Un niño que ve a alguien conseguir lo que quiere con un berrinche imitará probablemente es te comportamiento. Elegimos como modelo a las personas que parecen conseguir las mayores recompensas; para los niños estas personas suelen ser sus padres. Aunque las teorías del aprendizaje explican muchas de las conductas más importantes, ignoran los factores físicos, tales como los efectos de las sustancias químicas en la sangre, y los factores cognitivos, como, por ejemplo, la influencia de distintos estilos de pensamiento.

Teorías cognitivas

Explican nuestra conducta basándose en los procesos del pensamiento humano. Los psicólogos cognitivos hacen hincapié en que la manera como reaccionamos a los acontecimientos depende del modo como los interpretamos. Si una mujer extraña me da un pisotón, por ejemplo, puedo interpretar la acción de diversas maneras: lo hizo a propósito, está borracha, es inválida. La interpretación que elija determinará mi respuesta. Los teóricos de la atribución representan este enfoque. Los teóricos de la consistencia cognitiva conceden mayor importancia a la forma como procesamos selectivamente la información, modificando nuestra manera de pensar de forma que se adecue a nuestra conducta y viceversa. Por ejemplo, rechazamos u olvidamos una información que no concuerda con nuestras creencias y actos.

La conducta que se dirige hacia la obtención de una meta determinada dependerá de cómo se evalúen ciertos factores. Los fines poseen valores incentivadores o valencias. Cuando una meta tiene para mí una valencia más grande que otra, existe mayor probabilidad de que la elija. (Si tengo la posibilidad de correr en dos carreras distintas un mismo día, elegiré la que posea un recorrido más bonito o la que me ofrezca más posibilidades de vencer.) Las expectativas también son importantes, como la expectativa de si una meta es realista, o sin tengo la capacidad de alcanzarla y cuánto tiempo tardaré.

Cada uno de los enfoques precedentes tienen algo que ofrecer. Aunque hubo tiempo en que los psicólogos se apresuraron a descartar las teorías del instinto, en la actualidad nos damos cuenta de que los seres humanos se hallan predispuestos biológicos para realizar determinadas actividades. Del mismo modo, las demás teorías de la motivación explican conductas en situaciones determinadas.

Cómo estudian los psicólogos la motivación

Ya que el campo de la motivación es tan amplio, la mayoría de los investigadores centran su esfuerzo en un área concreta o en un tema específico, como el hambre, la sexualidad, la agresión o la conducta de logro. En el marco de estos temas el investigador puede enfocar su atención sobre los factores biológicos, aprendidos o cognitivos y/o en la manera en que estos diferentes factores interactúan.

Los investigadores de la motivación emplean virtualmente todas las técnicas psicológicas descritas en esta obra. Pueden explorar los mecanismos hereditarios y las influencias prenatales. Pueden efectuar operaciones para alterar las estructuras del cerebro y observar sus efectos. Pueden buscar las concentraciones hormonales o de otras sustancias químicas en el cuerpo. Pueden diseñar experimentos de laboratorios para estudiar los efectos del aprendizaje. Pueden crear tests para investigar la manera de pensar de los individuos. En definitiva, interpretan sus descubrimientos para intentar explicar los diversos tipos de conducta.

Cuándo los motivos entran en conflicto

La vida, raras veces resulta simple. A menudo, nos sitúa ante dos o más posibilidades de actuación, todas hasta cierto punto motivadoras. Imagínese, por ejemplo, que está a punto de dar un beso a su novia y en aquel momento empieza a sonar el estómago, recordándole que no ha comido nada desde el día anterior. ¿Da un paso atrás inmediatamente y sugiere ir a comer algo? ¿O prosigue el beso, ignorando la vergüenza que le han producido los ruidos de su vientre, así como las molestias del hambre? Los investigadores de la motivación han clasificado justamente este tipo de conflicto en las cuatro categorías siguientes (Lewin, 1938, 1948):

  • Conflictos de aproximación-aproximación: ocurren cuando se siente atraído simultáneamente por dos resultados o actividades deseables.
  • Conflictos de evitación-evitación: aparecen cuando siente repulsión por dos o más resultados o actividades indeseables.
  • Conflictos de aproximación-evitación: surgen cuando una sola opción tiene a la vez elementos positivos y negativos
  • Conflictos de múltiple aproximación-evitación: son los que encontramos más a menudo en la vida. Abarcan situaciones en las cuales existen varias opciones y cada una de ellas contiene tanto elementos positivos como negativos. No es de extrañar que sean las más difíciles de resolver y las que causan mejor estrés.

Emoción

Tiene miedo. Está enojado. Contento. Se encuentra con pena. ¿Qué significan estas palabras? ¿Qué siente cuando se halla en un determinado estado emotivo? ¿Está usted interpretando las sensaciones físicas causadas por la liberación de alguna sustancia química en el cuerpo o la activación de alguna parte del cerebro o bien resulta que el fuerte sentimiento que está experimentando es algo subjetivo que debe su existencia a los procesos de pensamiento en su cerebro, que lo han creado y denominado? Buena parte de las investigaciones sobre la emoción han intentado responder a estas preguntas.

Teorías de la emoción

Las principales teorías de la emoción consideran a ésta un sentimiento bien fisiológica, bien cognitivo o bien o como un producto de la interacción de factores físicos y mentales. En la próxima figura se muestran descripciones gráficas de las tres teorías más importantes.

Teorías de James-Lange (Los sentimientos son un producto físico)

Dos científicos que trabajaron al mismo tiempo, el psicólogo Carl Lange (1885), llegaron a puntos de vista tan parecidos, que podemos considerar sus contribuciones de forma conjunta. Esencialmente, ambos dudaron de la suposición tradicional de que primero se vive algún suceso (por ejemplo, que se nos acerque un ladrón), se siente acto seguido la emoción (el miedo) y luego experimentados las sensaciones fisiológicas relacionadas con esta emoción (el corazón late más deprisa, la respiración se acelera, las palmas de las manas sudan, ect.) y nos comportamos de la manera que creemos más adecuada a la situación (luchamos, gritamos, nos desmayamos o corremos). Tanto James como Lange arguyeron a favor de una inversión des esta secuencia, es decir, que la base de las emociones deriva de nuestra percepción de las sensaciones fisiológicas, como los cambios en el ritmo cardíaco y la tensión arterial y las contracciones de los músculos viscerales y el esqueleto.

 De acuerdo con esta teoría, cuando le insultan no se siente enfadado y luego experimenta los síntomas fisiológicos de la ira, sino al contrario, su corazón y respiración aumentan de velocidad y sus músculos se tensan, y entonces interpreta estos cambios corporales como “estoy enfadado”. Esta teoría sostiene que las respuestas fisiológicas son diferentes para cada emoción, lo cual no siempre es verdad. En suma, aunque la teoría posee cierto grado de validez, no oferta una explicación completa de la experiencia emocional.

La retroalimentación (“feedback”) de las respuestas fisiológicas no es necesaria para experimentar una emoción, aunque pueda ser importante. Tal como explicaré más adelante, Schachter y Singer (1962) demostraron como la retroalimentación de nuestras respuestas fisiológicas puede contribuir para producir una respuesta emocional más intensa.

Teorías de Cannon-Bard (Los sentimientos son un producto cognitivo)

En 1927 Walter Cannon argumentó en contra de la posición de James-Lange, argumentación que fue luego ampliada por Philip Bard (1938). Mediante la investigación de laboratorio, mostraron que las reacciones fisiológicas que acompañan a diferentes emociones son las mismas en una emoción u otra. En otras palabras, cuando una persona está nerviosa, enfadada, tiene miedo o está enamorada, aumenta el ritmo cardíaco, la velocidad de la respiración y los músculos se tensan. Así, se dependiéramos únicamente de nuestras respuestas fisiológicas, no seriamos capaces de distinguir una emoción de otra. Afirmaron, además, que el individuo normalmente no es consciente de los cambios internos (como las contracciones de los órganos viscerales, por ejemplo de los riñones y el hígado) y que incluso los animales que por intervenciones quirúrgicas no fueron capaces de experimentar estas sensaciones fisiológicas manifestaron reacciones emocionales típicas. Propusieron que la experiencia emocional y la activación fisiológicas ocurren al mismo tiempo, no una detrás de otra.

¿De qué forma? De acuerdo con Cannon y Bard, cuando tropezamos con un ladrón, los impulsos nerviosos llevan esa información a dos lugares importantes del cerebro: la corteza, el área donde tienen lugar los procesos más sofisticados de pensamiento, le dice que el ladrón constituye una amenaza para su seguridad personal, y el darse cuenta de esto, este pensamiento, basta para producir el miedo. Al mismo tiempo, el tálamo produce diversos cambios fisiológicos inespecíficos (o sea, no son específicos de una emoción determinada, sino que se producen como respuesta a cualquier emoción). Nos referimos a estos cambios como la reacción de “estrés” o la reacción de “lucha o fuga”. Esta reacción le prepara para gastar energía y prevenir un daño potencial. Si más adelante descubre que la persona amenazadora no era un ladrón, sino sólo alguien que quería preguntarle algo, ambas áreas se calmarán: la corteza hará desaparecer sus sensaciones de miedo y el tálamo suspenderá la reacción fisiológica.

Esta teoría integró la investigación sobre el papel del tálamo en la emoción. Su mayor defecto residía en su incapacidad para reconocer la complejidad de las experiencias emocionales y el modo en que éstas pueden ser influidas por la forma interprete el individuo el “feedback” fisiológico.

Teorías de Schachter-Singer (Las emociones dependen de una doble apreciación cognitiva: como evaluamos el suceso y como identificamos lo que esta pasando en nuestro cuerpo)

La opinión de que la emoción supone una actividad puramente cognitiva llegó a ser la explicación comúnmente aceptada hasta los años 60, cuando los innovadores psicólogos Stanley Schachter y Jerome Singer (1962) cuestionaron que las respuestas fisiológicas no tuvieran ninguna importancia.

Schachter y Singer dirigieron unos experimentos del mayor interés. Administraron a un grupo de individuos epinefrina, una hormona producida por la corteza de las glándulas suprarrenales y que produce una activación autonómica, aumento del ritmo cardíaco y de la tensión arterial. Luego los colocaron en situaciones que le s inducían a sentirse contentos o tristes. Mientras tanto, habían dicho a la mitad de los individuos en cada una de las situaciones (contento/triste) que la inyección de tal sustancia causaría determinados efectos fisiológicos; la otra mitad no fueron informados de tales efectos.

En general, los resultados del experimento confirmaron la hipótesis de los investigadores. Los individuos que habían sido informados de los posibles efectos de la inyección no indicaron estar particularmente contentos o enfadados y se comportaron en consecuencia. Por lo visto, atribuían su activación fisiológica a los efectos de la sustancia, mientras los individuos que no sabían nada sobre los efectos de ésta, notaron su activación, intentaron encontrar una explicación y concluyeron que debería estar causada por una emoción. Al buscar una emoción “disponible”, encontraron la explicación a mano y ajustaron su emoción a la situación en cuestión.

Aunque investigadores posteriores no han apoyado por completo la teoría de Schachter y Singer, sí han confirmado algunos aspectos. Por ejemplo, parece seguro que el incremento de la activación (que puede producir la inyección de una sustancia como la epinefrina, el ejercicio físico o hallarse en una situación que produce miedo) puede intensificar una emoción que ya existe (Reisenzein, 1983).

Se ha encontrado considerable apoyo a las conclusiones de Schachter y Singer sobre el aumento de las reacciones emocionales cuando se experimentan aumentos en la activación que no se pueden atribuir a ninguna otra fuente. En cambio, la investigación posterior no ha apoyado su conclusión de una disminución de los niveles de activación conduzca automáticamente a una reducción de la intensidad emocional (Reisenzein, 1983). En otras palabras, la activación puede aumentar la intensidad de la emoción, pero no la causa necesariamente.

Teorías del “Feedback” Facial (Nuestras expresiones faciales nos conducen a la emoción)

Recientes descubrimientos sobre los efectos de nuestras expresiones faciales muestran clara relación con las teorías que enunció William James hace ahora un siglo.

En una investigación sobre la emoción, realizada en dos fases, se utilizaron actores profesionales. En la primera, se pidió a los actores que pensasen en una expresión emocional de sus propias vidas que reflejara cada una de las 6 emociones que se iban a investigar: sorpresa, repugnancia, tristeza, ira, miedo y alegría. En la segunda, el investigador principal entrenó a cada actor, con la ayuda de un espejo, a representar una expresión determinada. No les pidió que sintiesen de una manera especial, sino sólo que contrajesen determinados músculos faciales, con lo cual representaba sonrisas, malas caras y otras expresiones comunes a los 6 estados emocionales. En ambas fases fueron gravadas las respuestas del sistema nervioso autónomo.

Aparecieron en este estudio dos conjuntos de significativos descubrimientos. Primero, se encontró que las respuestas fisiológicas eran diferentes según la emoción que estudiaban. Los corazones, por ejemplo, latían más rápidamente en situaciones de ira y miedo que en las de felicidad, las manos estaban más frías en ira y el miedo, y se comprobaron otras diferencias físicas. Parece ser verdad que diferentes emociones provocan diferentes respuestas, por lo menos hasta cierto punto. Esto indica también que la teoría de James-Lange, descrita anteriormente, parece ser cierta: recibimos “feedback” de nuestros cuerpos y a menudo recibimos diferentes tipos de “feedback” ante distintas emociones.

El otro descubrimiento interesante fue que cuando los individuos se limitaban a mover sus músculos faciales, generaban señales fisiológicas de emoción más pronunciadas que cuando pensaban en experiencias emocionales.

Conclusión

La motivación es la fuerza que activa y dirige el comportamiento y que subyace a toda tendencia por la supervivencia. Las investigaciones actuales centran principalmente su atención a los factores que activan y dan energía a la conducta.

Las emociones son reacciones subjetivas al ambiente que van acompañadas por respuestas neuronales y hormonales. Generalmente se experimentan como agradables o desagradables y se consideran reacciones adaptativas que afectan nuestra manera de pensar.

Introducción al pasado de la psicologia como la conocemos.

Para comprender como funciona el estudio de la mente humana es necesario conocer primero la historia de los estudios psicológicos desde sus inicios hasta el dia de hoy.

 

La psicología fue progresivamente establecida como disciplina científica en el siglo XII a.C., pero hasta ese momento no se hablaba de psiquis, así como tampoco se conocía de la mente, el alma ni las emociones, ya que se suponía que solo existían el alma y la mente, y que estos eran sinónimos del cuerpo.Recién para el año 335 a.C., gracias a Aristóteles, se realizaron los primeros estudios de la psicología como una disciplina capas de analizar ciertos problemas que surgen en conexión con la explicación científica. Ya que hasta esa época se creía que existían dos mundos: el mundo de las ideas (un mundo perfecto, irreal) y el mundo de la materia (el real, el imperfecto). Pero Aristóteles creyó que solamente existía un mundo, el real, consideraba la naturaleza como algo sagrado, en donde todas las cosas podían estar de dos formas posibles: en acto, cuando se tiene todas las propiedades en ese mismo momento y en potencia, cuando todavía no han desarrollado las propiedades, pero las tendrán en un futuro. Por ejemplo, un niño es un adulto en potencia, pero un niño en acto.
Para Aristóteles la mente o psique es el acto primero de todas las cosas, es lo que hace posible que sintamos y percibamos. Existen además, tres tipos de psique: vegetativa (de las plantas), sensitiva (de los animales) y racional (del hombre). La psicología humana se basa en los cinco sentidos.
     Creía que los procesos de conocimiento se producen a través de los sentidos. Sostenía que la mente en el momento del nacimiento es como una tabla rasa, carece de ideas innatas y todo depende del aprendizaje. Aprender depende directamente de la memoria, que trabaja en base a la semejanza (relacionando cosas parecidas), el contraste (observando diferencias) y la contigüidad (recordamos cosas que están juntas en espacio y tiempo).

     Aristóteles afirmaba que los procesos de motivación estaban guiados por dos polos: agrado y desagrado. Nuestra mente nos guía hacia el agrado y rechaza o nos separa del desagrado. El fin último de cualquier motivación es la felicidad y ésta se consigue con la búsqueda del autoperfeccionamiento; ser más perfectos y completos.    

  Hemos de dar un gran salto en la historia para encontrar otra gran aportación a lo que se considera la base de la psicología filosófica, de la mano de René Descartes (1596-1650), considerado el primer hombre moderno por su pensamiento. Pertenecía a la nobleza francesa. Estaba muy interesado en las matemáticas, la ciencia y la filosofía, y decidió combinar sus propósitos intelectuales con los viajes. Pasó varios años viajando por Europa, frecuentemente como caballero voluntario en diversos ejércitos. En 1649 Descartes aceptó una invitación para convertirse en profesor de filosofía en la corte de la Reina Cristina de Suecia. Murió al año siguiente en Estocolmo.

     Descartes postuló la doctrina del interaccionismo, según la cual el cuerpo y la mente se influyen entre sí en alguna medida, y que el punto de interacción entre ambos se halla en la glándula pineal.

     También argumentó que debía existir un universo externo al Yo pensante, un universo no opaco a las facultades cognoscitivas del hombre. Escribe el famoso libro “Discurso del método” (1637), donde expone que podemos dudar de todo (de lo que percibimos), pero de una cosa no podemos dudar, de que estoy dudando; y si estoy dudando es que pienso, y si pienso es que existo. De aquí su famosa frase “pienso, luego existo” (cogito ergo sum). Para Descartes hay tres cosas de las que no podemos dudar: del Yo o del Pensamiento, del Mundo por su extensión y de Dios por su infinitud. Para él lo psíquico es lo consciente, o sea todo lo que existe en nuestra conciencia: la imaginación, la fantasía, los sueños, los recuerdos…

     Sostuvo que cualquier idea que se presente a la mente a la vez de un modo claro y distinto debía ser verdadera. Lo claro es lo que se presenta de modo inmediato a la mente y lo distinto es lo que a la vez es claro e incondicionado. Descartes decía que lo distinto se conoce per se, su evidencia es independiente de cualquier condición limitadora.